Los ocho consejos que cualquier catequista debe seguir

  • julio 25, 2020
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1- El catecismo al servicio del evangelismo
«Es necesario que el catecismo esté al servicio de la nueva evangelización y que a partir de ella se desarrollen ciertas atenciones fundamentales para que todos tengan acceso personal al encuentro con Cristo» (48)

«El catecismo, que no siempre se puede distinguir de la primera proclamación, está llamado ante todo a ser un anuncio de la fe (…). Es importante que a través del catecismo, cada persona descubra que vale la pena creer. Es por eso que ya no es sólo un momento de crecimiento»(57)

«En el corazón de todo proceso de catecismo está el encuentro vivo con Cristo.» «El objetivo último del catecismo es poner a alguien no sólo en contacto sino en comunión, en la intimidad con Jesucristo: sólo él puede conducir al amor del padre en el Espíritu e involucrarnos en la vida de la Santísima Trinidad.» (75)

2- El catecismo para educar en la oración
«La misión del catecismo es educar en la oración y en la oración, desarrollando la dimensión contemplativa de la experiencia cristiana. Debemos educar para orar con Jesucristo y como él» (86)

«Esta tarea implica una educación en la oración personal, litúrgica y comunitaria, iniciando las formas permanentes de oración: bendición y adoración, pregunta, intercesión, acción de gracias y alabanza. Para alcanzar estos objetivos, hay maneras: la lectura orante de la Sagrada Escritura, especialmente a través de la liturgia de las horas y la lectio divina; la oración del corazón llamada la oración de Jesús (40), la veneración de la Santísima Virgen María a través de prácticas de piedad como el Santo Rosario, oraciones de súplica, procesiones, etc. (87)

3- El catecismo inspirado en la Palabra de Dios y la liturgia
«El catecismo deriva su mensaje de la Palabra de Dios, que es su fuente principal. Por lo tanto, «es fundamental que la Palabra revelada fecunda radicalmente el catecismo y todos los esfuerzos por transmitir la fe» (91). La liturgia es una de las fuentes esenciales e indispensables del catecismo de la iglesia, no sólo porque el catecismo puede extraer de ella contenido, lenguas, gestos y palabras de fe, sino sobre todo porque pertenecen entre sí en el acto mismo de creer.»

4- El llamado a convertirse en catequista
«El catequista es un cristiano que recibe la llamada especial de Dios. Esta llamada, aceptada en la fe, le permite ponerse al servicio de la transmisión de la fe y de la iniciación a la vida cristiana. (…) Sin embargo, el verdadero protagonista de cualquier catecismo auténtico es el Espíritu Santo que, gracias a la profunda unión que el catequista alimenta con Jesucristo, hace que los esfuerzos humanos sean efectivos en la actividad catequista.» (112)

▶ También ser catequista, ¿por qué, cómo?

5- Para catequistas masculinos
«Para un crecimiento humano y espiritual saludable, no podemos prescindir de las dos presencias, la mujer y el hombre. Por lo tanto, la comunidad cristiana sabe valorar tanto la presencia de mujeres catequistas, cuyo número es de considerable importancia para el catecismo, como el de los hombres catequistas, que hoy desempeñan un papel insustituible especialmente entre los adolescentes y los jóvenes.» (129)

6- Lo que el catequista necesita saber
El catequista debe saber:

– las grandes etapas de la historia de la salvación: el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y la historia de la Iglesia, a la luz del misterio pascual de Jesucristo;

– los elementos esenciales del mensaje y de la experiencia cristianas: el símbolo de la fe, la liturgia y los sacramentos, la vida moral y la oración;

– los principales elementos del Magisterio Eclesial relativos al anuncio del Evangelio y al catecismo. (144)

La formación del catequista consta de varias dimensiones. Lo más profundo se refiere a ser un catequista, incluso antes de convertirse en catequista. De hecho, la formación le ayuda a madurar como persona, como creyente y como apóstol. (136)

7- El catecismo al desafío de la adolescencia
«En su camino de fe, los adolescentes necesitan ser asistidos por testigos convencidos e involucrados. Uno de los desafíos del catecismo es precisamente el que está vinculado al raro testimonio de fe experimentado en las familias y lugares de socialización de los que proceden. Al mismo tiempo, los adolescentes ejercen presión sobre la autenticidad de las figuras adultas y necesitan sacerdotes, adultos y jóvenes mayores en los que puedan ver una fe vivida con alegría y coherencia». (249)

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